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El fenómeno de las sectas es algo de lo que todo el mundo ha oído hablar, pero también es cierto, que son estructuras poco conocidas, sólo amplificadas por los medios de comunicación. En este breve artículo, pretendemos aportar unas pinceladas sobre qué son las sectas, desde una óptica criminológica.

La Real Academia Española de la Lengua define secta como:

  1. Conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica.
  2. Doctrina religiosa o ideológica que se diferencia o independiza de otra.
  3. Conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa.

Pero para dar un mayor contexto a la definición de secta, es importante aportar un concepto claro de lo que entendemos por sectario/a, siendo aquel que profesa y sigue una secta. En muchas culturas, religiones o filosofías, la secta es considerada como un sendero o un modo de vida.

Importante es definir este fenómeno desde una óptica criminológica, considerando una secta como un conjunto de personas pertenecientes a un grupo concreto que siguen a una determinada doctrina y/o líder/jefe a través de la manipulación, persuasión y control. En este sentido, debemos aportar una consideración clara de lo que se entiende por secta destructiva, definida ésta como “grupo que atenta contra los derechos civiles y contra los derechos humanos del hombre comprometiendo la situación social de los propios afectados”[1]

Desde la criminología, deberemos tener en cuenta una serie de factores que delimitarán la diferencia entre un grupo sectario y una secta destructiva, que nos ayudarán a entender mejor este fenómeno.

Los factores más importantes a tener en cuenta desde una óptica criminológica son los siguientes:

  1. Que se aparta de las doctrinas tradicionales: aquellas que surgen con objetivos nuevos y que no son conocidas por la sociedad en su conjunto.
  2. Que no sea una doctrina oficial: que no estén reconocidas por el Estado dentro de sus normas, y que tampoco estén constituidas como asociaciones, aunque muchas sectas adoptan esta forma legal.
  3. Que tenga un carácter secreto para las personas que no pertenezcan a ella: se instruye a sus adeptos para que no aporten ningún tipo de información respecto de sus actividades, organización, etc., donde el secreto interno es la base para que la secta perdure en el tiempo y no sea conocida por las autoridades.
  4. Que sea alienante y/o destructiva para sus seguidores: sus acciones implican u daño físico o emocional para sus seguidores, provocando estados patológicos de diferente índole.
  5. Atención a su métodos y formas de actuar: es importante este factor puesto que en ocasiones se utiliza no sólo el “lavado de cerebro”, sino también la violencia física.
  6. Sistemas de captación: empleando el engaño como manera de ganar adeptos. Consiguen convencer al adepto para que vea y perciba lo que ellos en realidad quieren.
  7. Sistemas para el mantenimiento de adeptos: emplean métodos basados en el miedo, engaño, coacción, lavado de cerebro, etc. El adepto llega incluso en aceptar estas formas de acción.

En definitiva, se trata de estructuras perfectamente jerarquizadas, con unos objetivos claros, y que en muchas ocasiones infieren un daño emocional, físico y/o económico a sus adeptos.

[1] Resolución del Parlamento Europeo 2001.

Más información: www.gruponavalor.com

 

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